martes, 30 de mayo de 2017

PARIR

(Porque hoy, hablar/escribir de nuestra capacidad paridora es pronunciarse políticamente)

©Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com



Parir.
Parirte.
Parirnos.
Te estoy pariendo,
hija mía.

Soy,
somos,
todas las que caminaron ya estos senderos,
también, todas las que andarán paisajes nuevos.

La abuela de mi abuela canta hechizos
transmutados en los sonidos que de mi boca nacen.
La madre de mi abuela danza
en cada latido de este vientre de animala indómita.
Mi abuela sostiene mi mano y bendice mi frente.

Soy, hija mía.
Somos
todas nuestras ancestras.
Mi madre,
mi hermana,
tu hermana,
nuestras hermanas.
Pariendo,
pariéndome,
pariéndote,
pariéndonos.

Mi cuerpa es esta montaña que vuela nube.
Mi cuerpa es este alarido de viento remolino.
Mi cuerpa es esta cueva que se abre desde el centro de la tierra.
Tiemblo en trance, tiemblo, murmuro, tiemblo. Todo se cimbra.

Somos, es este instante único, irrepetible.
Es el momento cero, la magia cuántica.
En el universo y en el caos,
el batir de todas las alas de todas las mariposas,
de todos los tiempos, de todas las ensoñaciones.
Es aquí que somos ellas y somos nosotras
y somos todas en esta cuerpa misma.
Cuerpa salvaje,
cuerpa sagrada,
cuerpa libre que se expande infinita.

En este instante,
en donde tu cuerpo ocupa el sitio propio de mi cuerpo,
hemos encarnado en un mismo tiempo,
en un espacio uno y dimensión una.
Historias, sangre de esta sangre, ADN, memoria molecular.
Las que fueron y las que -si lo eliges- serán.
Somos, nosotras, todas.


Parir.
Parirte.
Parirme.
Parirnos.

La abuela de mi abuela en ti.
La abuela de mi abuela en mí.
Mi madre en otras que serán.
Las que vendrán y las posibilidades.
Y las imposibles y los sueños.
Y los haceres y los saberes.
Y las lágrimas y las alegrías.

Cantan, danzan, rezan, sonríen,
mientras yo gimo,
mientras mi cuerpa es travesía tremenda;
en tanto tú viajas hacia esta existencia terrena.
Cantan, danzan, sonríen, esperan.

La partera que nos acompaña nos mira a todas,
a esta multitud de vientres que se replican
en dimensiones de vía láctea.
Ella sonríe y sonríen ellas.
Sus manos nos acarician.
Sus manos te reciben.

Nos invocamos en el grito tuyo
y en el grito mío,
y nos despeñamos en cataratas amnióticas
y  nos encontramos en el mar leche
que emerge tibio de mis senos.

Bienvenidas a todas,
Bienvenidas nosotras.
Bienvenida vida,

Estamos vivas.

lunes, 17 de abril de 2017

BASTA

©Patricia Karina Vergara Sánchez 

pakave@hotmail.com


No supliques, no gimas, no exijas más.
No habrá justicia.
Nadie tendrá misericordia para ti.
Aun cuando te saquen los ojos, como a Nabilia,
los aliados del agresor declararán que lo mereces.

Nadie tendrá piedad de tu madre,
aun cuando pase décadas implorando saber,
preguntando por el cuerpo de su niña muerta.
La gente dirá que te fuiste de puta y serás olvidada.

Nadie tendrá caridad para tu hija
que crecerá con hambre de tu abrazo y de todo.
En la sospecha de los demás, “algo” habrás hecho;
la mirarán en desamparo y encogerán los hombros,
tan ínfima como la madre, sentenciarán.
Ella pagará tu karma.

Nadie se conmoverá por tu sufrimiento,
ridiculizarán tu llanto,
reirán sobre tu grito de angustia.
Cientos de lamentos de mujeres,
miles de carcajadas de ellos, a diario.

No habrá clemencia para tu alma doliente,
ni para tu razón confundida por verdades a medias.
Juzgarán cada gesto para inventar tus desaciertos.
Por qué te marchaste, te quedaste, silenciaste o gritaste.
Mientras, tú extenderás la mano mendigante
de una fraternidad mentirosa que te enseñaron,
tan falsa como el amor y como su dios tan invocado.

Aun cuando desfiguren tu rostro,
aun cuando transgredan tu cuerpo,
aun cuando arranquen tu piel a tiras,
aun cuando te asesinen,
aun cuando arrojen tus despojos al basurero;
ellos seguirán impunes, las leyes les pertenecen.
Nadie se inquietará por el eco de tus lágrimas.

Esta guerra comenzó hace mucho,
hace tanto, que no recordamos
porque somos las que nacimos en cautiverio.
Ahora, los torturadores,
hasta de tu nombre quieren despojarte.
…y tú…atada a ellos,
sigues solicitando tratos de dignidad, de igualdad,
agradecida de algún acto que imaginas de empatía.

Seca tus mejillas y escucha, levanta el rostro.
No hay justicia que no hagas por ti misma.
Es mejor que comiences a prepararte.
Aquí estamos otras,
nosotras,
clandestinas,
soterradas,
silenciadas,
Sin embargo, estamos:
Inventando cómo descorrer el cerrojo,
afilando la lanza,
aprendiendo a tirar piedras a sus cabezas,
a patear genitales.
Ármate, mujer.
Es preciso estar listas para la revuelta.

jueves, 9 de marzo de 2017

MUJER RIO

Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Ella era
mujer tierra,
mujer torrente de agua limpia,
mujer palabra lenca,
mujer resistencia.

Hace un año, ya, que la asesinaron.
Las balas son mensajes hechos plomo
de la maldad de los dueños
de las hidroeléctricas,
de las mineras,
de los madereros,
de los gobiernos;
de todos los que venden
éste, nuestro mundo,
como si fuera suyo.

Sin embargo,
la tierra regada de injusticia,
florece rebeldía
Aquellas palabras que intentaron silenciar,
resuenan en ecos poderosos e inasibles.
El temblor del miedo primero,
se convierte en cientos de rabias organizadas.
Berta vive.
Berta renace en dignidad colectiva.
Berta tornó
en caudaloso río, imparable, de agua insurrecta.


miércoles, 12 de octubre de 2016

LEGADO

©Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


Hombre que llegaste del viejo mundo,
fuiste tú quien violó a mi madre.
Cierto es que vengo de una lucha primigenia
entre el semen invasor y la sangre que resiste.
Eso no te convierte en mi padre,
acción política es negarte reconocimiento.
Apenas, eres el maldecido de estos labios.

Tú, has puesto triste huella en esta tierra,
Has mordido estos frutos y robado las semillas,
Has traspasado al jaguar con tu espada.
Eso no te convierte en el amo,
tan sólo eres el ambicioso agricultor de destrucción.
Por ello, es horror lo que se cosechó de tu siembra.

Tú, que naciste en siglos más recientes,
pero que, igual, te apropias de estos “exóticos” saberes,
que dices traducir, difundir, acercar, interpretar mis palabras
y que, sin embargo, terminan en un libro firmado con tu nombre.
Sigues construyendo catedrales, sobre sitios sagrados.

"Mestizaje", "unidad nacional", "culturas hermanas"…
El discurso generoso de quien de todo se ha apropiado.
Mientras tanto,
los niños blancos juegan en el Mcdonalds de las colonias de lujo
a ser, creen que serán, los dueños de todo.
Mientras tanto,
35 mil niños y viejos color de tierra han muerto de hambre,
tan sólo en México y tan sólo en los últimos años.

De la invasión, más de cinco siglos hace.
Sin embargo, es apenas un soplo de historia.
Hay pueblos que más de cien décadas resisten.
Hay pueblos que un día vuelven a ser libres.

Desde aquí, miro a mis hermanas, a mis hermanos,
danzando, pies desnudos, a la Tonanzin Tlalli Coatlicue.
Sobre el asfalto, desafiantes, ante los edificios del invasor.
Memoria valiente de quien sabe el lugar de los antepasados.

Pese a la mirada atónita del gringo y su foto del recuerdo.
Pese al empresario que se imagina cómo hacer negocio

de una invocación intocable.
Pese a todo,
cada danza sagrada arranca una piedrecilla,
apenas imperceptible,
desmorona, lentamente -canto a canto-,
la fachada del poder de los templos de la colonia.


Cada latido, labor de pequeñas hormigas pacientes.
Trabajo de artesana espléndida que hilo a hilo,
desde el telar, nace otro mundo colorido.
Cada ráfaga de aroma proveniente del popochcomitl
despierta la memoria colectiva, combatiente.
Cada grito de atecocolli, es una promesa:
Vive la resistencia. Un día, se hará justicia.





miércoles, 27 de julio de 2016

VIOLACIÓN

©Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

I
Aullaban los perros el mal presagio,
vino el monstruo a buscarme.
Traía consigo una promesa de destrucción.
No tenía ojos, pero supo esconder su rostro.
Por eso no sospeché, hasta que fue tarde.

Esa noche conocí a qué huele el horror.
No podía mover mi cuerpo, temblaba espanto.
Metió sus dedos-garras en mi vagina.
Yo gritaba, pero no paró.
No entendía de piedad.

II
Mil veces me pregunté por qué
¿De qué cosa sagrada me quería despojar?
¿Del útero de mi creación?, ¿qué intentaba llevarse de mí?
¿Qué fue lo que sus garfios pretendieron arrancar?

¿Habría podido devorarme?
¿Creyó que podía sustraer la luz que me sostiene?
¿Creyó helar el calor de mis entrañas?
¿Apropiarse de un pedazo de mí, para sí?

¿Fue ese zarpazo un intento de llevarme a pedazos?
O, por el contrario,
el hedor que le carcome es tanto, que le desborda.
Quería dejar algo de ello en mi cuerpo;
hacerme compartirlo, también llevarlo.
Insecto que deposita su larva siniestra en ser viviente,
para que le coma por dentro.
Dentellada envenenada de muerto en vida,
que pretendía expandir su maleficio.

¿Qué fue, por qué la pesadilla?

III
Después,
todo era silencio.
Grité con la boca abierta,
pero todo fue silencio.
Cielo gris.
El cuerpo aterido de frío.

IV
Sin embargo,
nada fue transformado.
El monstruo sigue siendo monstruo.
Finge de día ser pobre diablo.

La carne que arrancó de mi cuerpo
es ahora polvo que ya no le nutre.
Esa es su tragedia,
su peste sigue contaminando todo.

Monstruo sigue siendo monstruo.
Haga lo que haga.
Se disfrace como se disfrace.

V
Yo fui remolino de dolor,
pero como estoy hecha de viento,
torné ráfaga.
Como soy agua,
evaporé hacia el ocaso azul violeta.
Como soy fuego, me guardé,
ceniza silenciosa-espera.
Como soy tierra,
recorrí caminos nunca antes transitados
-a pesar de quien quisiera pisarme-.
Como soy éter,
disolví el tiempo hasta otro tiempo.

VI
Así, ahora lluevo,
soy agua risueña con tintes de atardecer.
Tierra roja siempre renovada y fértil,
abierta a nueva semilla.
Éter transmisor de energía inasible.
Carbón ardiente que resiste cualquier tormenta.

Sobre todas las cosas,
me descubro viento.
Soy mujer viento,
estoy hecha de viento
que embravece al mar,
que aviva el fuego,
que transforma la tierra,
que danza en abrazo esencial con el universo.

¿Qué pueden las garras malignas contra el viento?

No pueden atraparme,
no pueden tocarme.
Me elevo,
me limpio.

VII
Soy mujer viento.
Voy girando.
Un día seré huracán.

martes, 3 de mayo de 2016

¿CUÁNDO?



Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

Sobrevivir al desencanto de papá
cuando supo que no serías varón.
Sobrevivir al tío, al primo, al vecino
que te tocaba la vulva cuando tenías cuatro años.
Sobrevivir al pedófilo que te acechaba camino al colegio.
Sobrevivir al susto de ver al primero que se masturbó
en la calle frente a ti, cuando tenías 9 años.
Sobrevivir al que te violó y sigue impune
habitando en la misma calle que tú, desde siempre.
Sobrevivir al maestro de educación física
que miraba tus nalgas en la secundaria.
Sobrevivir a todos los que han hablado de tu cuerpo,
tocado tu cuerpo porque sí, porque pueden hacerlo.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

Del médico que te manoseo los senos.
Del otro médico que te manoseo toda y te quedaste quieta
porque iba a realizarte un aborto.
Del aborto clandestino.
Del acoso laboral.
De las regalonas del patriarcado
compitiendo por la aprobación de un macho.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.
Y no dejar que te mate tanto peso.

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

De la violencia obstétrica que casi acaba contigo cuando pariste.
De las cicatrices que te dejaron por todo el cuerpo.
De la violencia obstétrica que casi mata a tu cría.
De la soledad a que te obliga la vida contemporánea.
De los salarios injustos y las triples jornadas de trabajo.
De los salarios desiguales y de las montañas de platos sucios
y de las montañas de ropa por lavar.
De los salarios miserables y del jefe que exige uses tacones
y te pintes los labios.
Del macho desleal
que usa la infidelidad como una forma más de herir.
Del macho poliamoroso,
que discursa bonito, pero sólo traiciona confianzas.
Del marido que vuelve borracho, del que pega,
del que no pega, pero insulta.
Del monstruo que te tomó por el cuello y no te dejaba respirar.

Del despecho convertido en ácido que te arrojaron al rostro.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y, de milagro, no ser asesinada por alguno de ellos.
Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto.

¿Por qué las mujeres tenemos que sobrevivir a todo?

Sobrevivir a las pisadas que vienen detrás de ti
en las calles oscuras
Sobrevivir a los amigos borrachos,
que se olvidan de que eres su amiga.
Sobrevivir al novio que no se detuvo cuando dijiste no,
ni cuando lloraste.
Sobrevivir al asaltante y al secuestrador,
a sus armas, a sus gritos, al miedo.
Sobrevivir a la feminista soberbia que te acosa
porque no le rindes culto.
Sobrevivir a la droga vertida en tu copa
el día en que te sentías en confianza.
Sobrevivir a la lesbiana que te viola
y al silenciamiento cómplice de otras lesbianas.
Sobrevivir al desempleo
porque eres demasiado joven y no tienes experiencia.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por algune de elles.
Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto.

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

Del despido laboral
porque ya no eres la joven de cuerpo deseable.
Del abandono por ser la vieja bruja.
Del abandono por ser pobre o no ser blanca
o por ambas cosas.
De la imagen en el espejo arrugada, calva, desdentada.
De cambiarle los pañales al marido que volvió a casa
cuando necesitó niñera.
De la amiga que traiciona, por tres pesos o por nada.
De tener a los hijos secuestrados por el patriarcado
y que estén en otro lugar, lejos, a saber dónde.
Del hijo que repite sobre ti, o sobre otra, el lenguaje de golpes
que le enseñó el padre.

Del marido-exmarido que te prendió fuego mientras dormías.
De la hipoteca vencida y que te rematen la casa,
de quedarse sin nada.
De tener que usar andadera
porque los tacones que exigía el jefe destrozaron tu espalda.
De no poder respirar
porque los químicos del trabajo en fábrica acabaron con tus pulmones.
De los sueños que no fueron, del tiempo que se acaba.
Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.
Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.
Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto.

¿Por qué tenemos que estar siempre sobreviviendo?
¿Cuándo, en qué era, a qué hora te toca estar viva?

martes, 17 de febrero de 2015

DESOLACIÓN I


© Patricia Karina Vergara Sánchez
 pakave@hotmail.com

Cuando el olor a muerta estaba fresco.
Cuando la ausencia lo llenaba todo,
un peso asfixiante sobre el pecho,
un abismo en medio del vientre;
fueron llegando los carroñeros.

Los que vendían la foto en los diarios.
Las que decían contra la violencia de género.
Los que serían candidatos y traerían la paz.
Hicieron tumulto, tantos-demasiados.

Sin embargo, cuando los diarios se hicieron viejos,
tan pronto les aplaudieron, les publicaron el libro,
cuando llegó el auto por las urnas con los votos,
o les dieron el premio al mérito ciudadano;
pasaron al siguiente tema de moda.
Se fueron a decir mentiras a otro lado,
a publicar otro libro, a vender otro diario.

Hasta que bebieron todo el café que quedaba en casa
Hasta que se acabó el azúcar y el papel de baño,
todos, sin rostro, se fueron alejando.

los policías, sus bravatas y sus amenazas;
los políticos, sus insultos y sus fanfarronadas;
fueron los únicos que permanecieron, mirando a distancia,
como malas sombras, sombras malas.

Así se fueron quedando solas.
Unas, buscaban huellas, la medallita, un botón del vestido.
Otras, un hilito de memoria, la palabra primera, la muñeca.
Todas, cuál fue el lugar, a qué hora, cómo, ¡carajo!

Alguna, atrevida,  gritó al borde del precipicio.
Le mandaron enterrar un cuchillo para intentar que se callara*.
Le dieron un balazo en la Plaza Hidalgo para silenciarla**.

Aún, con la foto deslucida pegada en un cartoncillo
y el nombre de la hija en los labios, ahí anda,
preguntando si alguien la ha visto, si alguien sabe algo.
Barre la casa, alimenta a los niños y reza.
No se cansa, sigue buscando.

Los demonios, ni siquiera ríen porque ya han olvidado.
Andan impunes, buscando cómo hacer un nuevo daño.

Los huesos gimiendo en algún lado,
las madres desgarradas,
solas, solitarias. Abandonadas.

Los carroñeros de vez en cuando pasan,
olfatean por si aparece un mendrugo que disputar,
si acaso queda algo por hacer pedazos,
un trozo de nada o de cualquier cosa

…siguen rondando.


*http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/index.php/2013/12/04/norma-andrade-el-dolor-la-dignidad/

**https://es.wikipedia.org/wiki/Marisela_Escobedo_Ortiz

martes, 4 de junio de 2013

DESDE EL LIMBO

Para Elsa L y Lupita G

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Para las poetas,
apenas soy panfletaria política.
Para las académicas,
tengo más utopía que rigurosidad y ciencia.
Para las amas  de casa,
mi hogar no es ningún modelo de pulcritud.
Para las heterosexuales,
soy exageradamente lesbiana (y lo digo todo el tiempo).

Para las tibias,
soy “demasiado” radical, hasta causo algo de miedo.
Para la empleada del banco –sólo de mirarme-,
no soy sujeta crediticia digna de atención.
Para las posmodernas,
tengo un discurso ya atrasado -nomás como 500  años de viejo.
Para las que hacen política -pública y no-,
mi propuesta de mundo es demasiado poética.
Para las nanitas de mi pueblo,
soy poco humilde, poco dócil y menos dulce de lo que mujer-debería.
Para mis estudiantas soy la neta,
pero nadie las escucha porque son muy jóvenes.
Para las adoradoras del falo,
soy una molestia zumbona en sus orejas.

Entiendo, entiendo:
No sirvo para mucho.

Panfletaria,
utópica,
desmadrada,
lesbiana,
radical,
insolvente,
anacrónica,
poeta,
soberbia,
insumisa,
adolescente eterna,
mosca incómoda…

-Las agencias de empleos no  se desviven a causa de mi currículo.

Tal  vez me he construido ininteligible.
Sin embargo, parece ser, que hay ecos en el limbo,
que la irreverencia resuena: se multiplica.

Yo adelanto un pie y luego el otro, sonrío.
En mi camino aparecen flores fragantes,
mujeres-alegría, baños  de agua sanadora,
cantitos y mariposas de  colores…
Es suficiente para mí.


*Foto de Fernanda Magallanes (Brasil)




AQUÍ SIGO

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Como ramita seca,
 algo se me parte, de a poquito,
 cuando tantas hacen maletas
o no las hacen, pero igual se van.

Yo no me marcho,
 cuando tantos ya no viven aquí.
 Me niego al exilio,
 aun cuando ya sé que a cada paso
 amenaza la presencia del déspota;
 la bestialidad del tirano;
 las huellas del desamparo.

Ante los rostros en las fotos del diario
de los fantasmas de 45, 46, 80 mil.
Cada día, mujeres, hombres, niñes,
que aquí no  se llaman asesinadas,
dice el presidente que son daños  colaterales.

Me quedo,
a mirar las ruinas de lo que eran
sueños tan sencillos, de sosiego,
como el desayunar cada día
con un trozo de pan fresco,
tal  vez con mermelada de durazno.

Ilusiones tan simples
como ir a la escuela sin  miedo
de ser desaparecida, como otras, al regreso.
Buscar en el periódico los anuncios de empleos;
de maestra de teatro, para vender hamburguesas,
naranjas o cualquier otra cosa.

Ambiciones tan desbordadas
como contar con dos monedas
para invitarte un helado
comprado en la tienda de la esquina.
O, dormir tranquila la siesta
con tus piernas tibias entre las mías.

Me sostengo aquí.
Aún en contra del terremoto,
de los brazos cansados, del monedero vacío.

En contra de las traiciones.
De los acomodaticios,
que nunca faltan.

Mirando a los  ojos de los milicos,
que ocupan las  calles y dan miedo.
Rostros grabados en la infancia de mi niña,
que no juega en los parques.

Reclamado a los represores,
por todos los que han sido golpeados
por todas  las que nos faltan,
conteniendo a los machos
que se sueñan héroes de guerra.
Todos juntos, esos que no  se enteran
de lo tarde que es ya en este siglo.

Pues así, así y todo:
No renuncio.
No me marcho.
No me marcho.

Porque la esperanza para mi tierra
es para construirla mía.
Más alimento que los alimentos.
Más hermosa que el paraíso,
de nubes blancas, a la obediencia
que ofrecen los vendedores de cruces
para cuando yo muera.

Porque ni los plantadores de miedo,
ni todo su horror,
pueden combatir la certeza
que da el llamado de la Pachamama.
Yo sé que el único lugar al que puedo ir
es hacia este grito en el viento.

¡BRAVA!

© Patricia Karina Vergara Sánchez
 pakave@hotmail.com

¡Brava, amiga feminista!
Dímelo de nuevo:
“No calles la violencia”.
Escríbelo bien grande,
con letras en tinta lila:
“El silencio no nos protege”.

Hay que hacer el escrache.
Hay que señalar al agresor.
Hay que conmovernos hasta la médula
por esa mujer que ha sido rota.
Levantar las pancartas, hacer el grito.
¡Brava por la lucha, amiga feminista!

Pero, cuidado, si vengo y te cuento
que me ha herido quien te hace amistad
o con quien tienes interesantes negocios…

Qué ocurre, me pregunto una y otra vez, qué ocurre.
Me retiras el saludo, me miras desde la insolencia.
Qué ocurre, qué son esos murmullos a mi espalda.
Qué distinto te resulta, si no es-soy una desconocida.

Será acaso que mi rostro se ha vuelto deforme,
que mi aliento apesta, mis úlceras dan asco
o soy un espejo enorme y desagradable
que te hace preguntarte qué pasa en tu casa.

Qué ocurre, qué es, amiga feminista,
que cuando hablé de violencias tantas
 no te dignaste a responderme una palabra.
“Rompe el silencio” escribes en las paredes.
Me pregunto si tienes sólo pintura para decir,
si tienes también oídos para escuchar,
boca de responder, manos para hacer.

Los del sindicato cierran filas con el denunciado.
“No puede ser, lo conozco hace años”.
El director de la escuela protege al profe acosador
“No puede ser, educa aquí desde hace tanto”.
Algunas feministas hacen muros de silencio
Te dicen que fabulas, estás confundida, rencorosa,
tal vez exageras o eres demasiado intensa.
Que lo superes ya, que des vuelta a la hoja.
Tal vez no entendí que si vistes de morado
es pecado decir: “me han hecho daño”.

Te miro en la tele, te grabo el discurso en el radio.
Levantas una pancarta, llevas un listón negro en el brazo.
Cuántos cursos sobre violencia te he escuchado.

Me alegro, me alegro tanto de que nada mío haya muerto.
Hoy sería imagen para la carpeta en donde documentas infamias
y para que te tomen fotos en el mitin ante el fuego de una veladora.
Pienso que ya sé por qué no respondiste cuando te marqué al teléfono...

¡Brava, amiga feminista!,
lecciones que aprendo, tonta de mí, después de tantos años.

sábado, 4 de febrero de 2012

TAN INSUFICIENTE

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Esta es mi furia, color verde ocre, amarga.
Esta es mi rabia, que punza, inclemente,
que se ofende contra estas letras indignas.
Palabras torpes para nombrarlas.

Por que Du’a, era muy joven y estaba sola.
Eran cuarenta, cincuenta hombres que la rodearon.
La golpearon, arrancaron su ropa, lanzaron rocas a su rostro.

Porque cuando dejó de respirar, ellos gritaron triunfantes.
Grabaron en video, con teléfono celular,
el hilillo de sangre que corría sobre el pavimento.

Porque Sali era una viajera, con su andar libre por la tierra,
pero ese hombre hirió su cuerpo y detuvo su paso en el tiempo.

Porque hace tres días Alí fue asesinada.
Usó un cuchillo contra ella, ése, que decía amarla.

Porque Iris tenía siete años cuando se la llevaron.
Porque su madre encontró el cuerpecito de su niña
en un bote para basura.

Esta es mi furia tonta; mi rabia negra, roja, que no basta.

Porque son, porque somos, demasiadas.
La cercanas, las que están lejos, las amigas, las cómplices,
las que hacen, las que rompen, las compañeras y las que no.

Porque es una muerte infame.
Tres minutos indignos en el noticiero de hoy.
Un par de días, la indiferencia, la injusticia absoluta.

Quién fuera el aullar resonante en todo espacio acústico.
Quién que llame en el viento, con voz potente,
a todas las que nos faltan: a Marisela, a Leticia, a Marcia, a Sara.
Hasta que nadie pueda negar la escucha.
Hasta que nadie pueda continuar viviendo, como si nada hubiera ocurrido.

Quién fuera el puño que se estrelle contra la roca, poderoso, incansable.
Quién que grabe, imborrable, a golpe de presente constante,
los nombres de Victoria, de Emilia, de Martha, de Jasmín, de Natalia.
Quién la fuerza para el combate contra el olvido.
Quién el castigo a todos los malditos.

Sin embargo, respiro esta furia,
Sin embargo, me alimento de esta rabia,
Porque este oficio de escribana a penas alcanza,
para este humilde dar testimonio de la pesadilla cotidiana.






viernes, 4 de noviembre de 2011

Ex- céntrica

© Patricia Karina Vergara Sánchez 
pakave@hotmail.com


© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com...

Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
-Golpe de baqueta sobre tambor-.
Compañeras:
Las invito, guardemos la cordura.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Por favor, sí, guardémosla bien,
en un cofre y con dos candados.
Para hablar, imaginar, construir,
hacer, nacer, entre éstas,
feministaspeligrosasradicales,
en la raíz de este amar a las otras,
a ti, a mí y entre nosotras.
Propongo, hagamos acta de cenizas
usemos esta suave fuerte lengua
de poca validez objetiva y poco ecuánime,
que sólo de afecto y caricias entiende.
Pongamos esta cuerpa, que vibra
con la cercanía de las cómplices,
que hierve furiosa ante lo injusto,
que acompaña desde la ternura.
Sintamos como late así, así,
esta matriz nuestra, acogedora.
¿Qué tiene de malo, qué tiene,
qué tiene, la cordura insuficiente?
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Desde este lugar…
desde esta dicha…
sin grandes y lujosos edificios,
ni fotos y titulares en periódicos
ni diplomas en papel moneda
desde el instituto, en la academia,
en la ONG, en el cargo -todo-
con perspectiva de género;
por cuotas o por la nueva ley
que no incomoda, corrompida,
antes de estar en papel.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.

A mí me queda esta locura,
Semi-locura, locura total, loca furiosa,
loca de atar, insalubre, ex– cén– tri- ca.
Demencia
que se niega a padecer diagnóstico.
La risa abierta, incontrolada, la sinrazón.
Promesas de bailar bajo la lluvia,
de la utopía…
de la peligrosísima utopía.
Es este mundo cierto que construyo
todos los días, a cada hora, lo respiro.
Es la complicidad con otras despojadas
de la buena y burguesa razón moderna,
de la astucia comodona postmodernista.
Sobrevivientes, nosotras, herederas de Meztli.
Con esta intacta rabia insumisa.
A cada minuto, a cada segundo
de alegre, plena, existenciaaaa
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
Tam, Tam.
…extravagante…
…en completa extravagancia...



                                                                  

martes, 18 de octubre de 2011

RETUMBA

© Patricia Karina Vergara Sánchez

Un hombre asustado
dijo que mis versos sonaban a tambores de guerra.
-Habría que considerar que en ese entonces
todavía no había juntado tanta ira,
como la que hoy tengo lista.

Yo no creo en las guerras,
pero sí en detener el golpe, en la acción constante, directa,
en mirar a los ojos del agresor, en no permitir más heridas.

Dicen que, entonces, mis versos son provocaciones peligrosas,
confrontación abierta.
Como si el calificarlos lograra hacer que guardaran silencio.
Como si las palabras pudieran ser arrancadas de la ignominia,
cuando la nombran.

No hay silencio posible. No pueden hacerme muda.
Mis versos resuenan con la fiereza de esta insolente
mujer, lesbiana, otra
que se declara insumisa, desobediente.
Que se reconoce en desacato permanente ante la injusticia.

El hombre tiene un palo y golpea a la niña.
El hombre tiene un arma y asesina a Marisela.
En Coppel encierran a seis mujeres,
las queman vivas.

Los policías reprimen y persiguen a las que se manifiestan.

El comisario tiene dinero y da su versión en la prensa de la verdad,
y de lo que se le da la gana.

El machista hace discurso y dice que es culpa mía

La gente tiene dos pesos que gasta con angustia
y pone bajo el tapete, para luego, para nunca;
a las asesinadas, a las heridas de hoy.

Yo tengo poca cosa, pero me basta.
Tengo boca, tengo puños, tengo versos.
Tengo memoria de tantos agravios.
Tengo estos tambores de vida que claman por vida.
Que cantan mientras marcho buscando veredas.
Que proclaman a cada golpe de baqueta
un latido único, constante, urgente.
Ya no más. Es la hora:
Autodefensa



miércoles, 12 de octubre de 2011

CIERTOS OLIMPOS

Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Vestida con tu blanca toga
de tela maquilada para primer mundo.
Escribes en electrónico desde la razón,
las razones por las que yo no existo.

Sentada en un pequeño espacio libre
de tu mesa  abundante de alimentos
buscas la cita exacta y encuentras, afanosa,
las categorías, ciencia, teoría que explican
el cómo soy performatividad pura,
que ocupa mi saber, mi cama, la vida mía.
Por ello, no soy capaz de la trascendencia
hacia la humanidad.

En tanto, mi padrastro me prende fuego
en un rincón del Estado de México

Mi familia es silenciada por hablar de justicia
ante mi  féretro de terror

Me  comí a mis crías y voy andando,
siguiendo rumbo norte en el desierto.
Me muero aquí o de hambre injusta.

Escribes verdad: mujer es un término
sin sentido lógico ni pertenencia.
Esta carne ya fue desmembrada
y mis huesos quebrados, desperdigados.

Mi palabra no tenía valor profundo,
nada significa ahora para ti.
Cuando comenzaba a dibujarme,
en múltiples visiones concatenadas,
Me has borrado con un sólo gesto
de mecanografía.

Tú te vuelves más blanco, prestigioso.
Cada vez más sabio, megáfono de Foucault.

Sin embargo, me hacen falta más, mucho más
 de dos teorías pretendiendo explicarme
que el dolor es mera construcción cultural.
¿Es, acaso, una forma distinta de placer?

Para demostrar mi falta de sofisticación,
de comprensión y actitud postmoderna
es necesario se cuantifique con rigor exacto
los segundos que dura mi agonía.
Yo pongo este cuerpo. Tú haces ciencia.

Todo es cuestión de desandar la hipótesis.
Pronunciarse en la variable.
Despejar a empellones las puertas del recinto.
Traer espejos grandes ante tu rostro:

¿Qué miras?
¿Puedes reconocerte en este rictus?