martes, 4 de junio de 2013

DESDE EL LIMBO

Para Elsa L y Lupita G

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Para las poetas,
apenas soy panfletaria política.
Para las académicas,
tengo más utopía que rigurosidad y ciencia.
Para las amas de casa,
mi hogar no es ningún modelo de pulcritud.
Para las heterosexuales,
soy exageradamente lesbiana (y lo digo todo el tiempo).

Para las tibias,
soy “demasiado” radical, hasta causo algo de miedo.
Para la empleada del banco –sólo de mirarme-,
no soy sujeta crediticia digna de atención.
Para las posmodernas,
tengo un discurso ya atrasado -nomás como 500 años de viejo.
Para las que hacen política -pública y no-,
mi propuesta de mundo es demasiado poética.
Para las nanitas de mi pueblo,
soy poco humilde, poco dócil y menos dulce de lo que mujer-debería.
Para mis alumnas soy la neta,
pero nadie las escucha porque son muy jóvenes.
Para las adoradoras del falo,
soy una molestia zumbona en sus orejas.

Entiendo, entiendo:
No sirvo para mucho.

Panfletaria,
utópica,
desmadrada,
lesbiana,
radical,
insolvente,
anacrónica,
poeta,
soberbia,
insumisa,
adolescente eterna,
mosca incómoda…

-Las agencias de empleos no se desviven a causa de mi currículo.

Tal vez me he construido ininteligible.
Sin embargo, parece ser, que hay ecos en el limbo,
que la irreverencia resuena: se multiplica.

Yo adelanto un pie y luego el otro, sonrío.
En mi camino aparecen flores fragantes,
mujeres-alegría, baños de agua sanadora,
cantitos y mariposas de colores…
Es suficiente para mí.




AQUÍ SIGO

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Como ramita seca,
 algo se me parte, de a poquito,
 cuando tantas hacen maletas
o no las hacen, pero igual se van.

Yo no me marcho,
 cuando tantos ya no viven aquí.
 Me niego al exilio,
 aun cuando ya sé que a cada paso
 amenaza la presencia del déspota;
 la bestialidad del tirano;
 las huellas del desamparo.

Ante los rostros en las fotos del diario
de los fantasmas de 45, 46, 80 mil.
Cada día, mujeres, hombres, niñes,
que aquí no se llaman asesinadas,
dice el presidente que son daños colaterales.

Me quedo,
a mirar las ruinas de lo que eran
sueños tan sencillos, de sosiego,
como el desayunar cada día
con un trozo de pan fresco,
tal vez con mermelada de durazno.

Ilusiones tan simples
como ir a la escuela sin miedo
de ser desaparecida, como otras, al regreso.
Buscar en el periódico los anuncios de empleos;
de maestra de teatro, para vender hamburguesas,
naranjas o cualquier otra cosa.

Ambiciones tan desbordadas
como contar con dos monedas
para invitarte un helado
comprado en la tienda de la esquina.
O, dormir tranquila la siesta
con tus piernas tibias entre las mías.

Me sostengo aquí.
Aún en contra del terremoto,
de los brazos cansados, del monedero vacío.

En contra de las traiciones.
De los acomodaticios,
que nunca faltan.

Mirando a los ojos de los milicos,
que ocupan las calles y dan miedo.
Rostros grabados en la infancia de mi niña,
que no juega en los parques.

Reclamado a los represores,
por todos los que han sido golpeados
por todas las que nos faltan,
conteniendo a los machos
que se sueñan héroes de guerra.
Todos juntos, esos que no se enteran
de lo tarde que es ya en este siglo.

Pues así, así y todo:
No renuncio.
No me marcho.
No me marcho.

Porque la esperanza para mi tierra
es para construirla mía.
Más alimento que los alimentos.
Más hermosa que el paraíso,
de nubes blancas, a la obediencia
que ofrecen los vendedores de cruces
para cuando yo muera.

Porque ni los plantadores de miedo,
ni todo su horror,
pueden combatir la certeza
que da el llamado de la Pachamama.
Yo sé que el único lugar al que puedo ir
es hacia este grito en el viento.

¡BRAVA!

© Patricia Karina Vergara Sánchez
 pakave@hotmail.com

¡Brava, amiga feminista!
Dímelo de nuevo:
“No calles la violencia”.
Escríbelo bien grande,
con letras en tinta lila:
“El silencio no nos protege”.

Hay que hacer el escrache.
Hay que señalar al agresor.
Hay que conmovernos hasta la médula
por esa mujer que ha sido rota.
Levantar las pancartas, hacer el grito.
¡Brava por la lucha, amiga feminista!

Pero, cuidado, si vengo y te cuento
que me ha herido quien te hace amistad
o con quien tienes interesantes negocios…

Qué ocurre, me pregunto una y otra vez, qué ocurre.
Me retiras el saludo, me miras desde la insolencia.
Qué ocurre, qué son esos murmullos a mi espalda.
Qué distinto te resulta, si no es-soy una desconocida.

Será acaso que mi rostro se ha vuelto deforme,
que mi aliento apesta, mis úlceras dan asco
o soy un espejo enorme y desagradable
que te hace preguntarte qué pasa en tu casa.

Qué ocurre, qué es, amiga feminista,
que cuando hablé de violencias tantas
 no te dignaste a responderme una palabra.
“Rompe el silencio” escribes en las paredes.
Me pregunto si tienes sólo pintura para decir,
si tienes también oídos para escuchar,
boca de responder, manos para hacer.

Los del sindicato cierran filas con el denunciado.
“No puede ser, lo conozco hace años”.
El director de la escuela protege al profe acosador
“No puede ser, educa aquí desde hace tanto”.
Algunas feministas hacen muros de silencio
Te dicen que fabulas, estás confundida, rencorosa,
tal vez exageras o eres demasiado intensa.
Que lo superes ya, que des vuelta a la hoja.
Tal vez no entendí que si vistes de morado
es pecado decir: “me han hecho daño”.

Te miro en la tele, te grabo el discurso en el radio.
Levantas una pancarta, llevas un listón negro en el brazo.
Cuántos cursos sobre violencia te he escuchado.

Me alegro, me alegro tanto de que nada mío haya muerto.
Hoy sería imagen para la carpeta en donde documentas infamias
y para que te tomen fotos en el mitin ante el fuego de una veladora.
Pienso que ya sé por qué no respondiste cuando te marqué al teléfono...

¡Brava, amiga feminista!, lecciones que aprendo, tonta de mí, a los 40 años.

sábado, 4 de febrero de 2012

TAN INSUFICIENTE

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Esta es mi furia, color verde ocre, amarga.
Esta es mi rabia, que punza, inclemente,
que se ofende contra estas letras indignas.
Palabras torpes para nombrarlas.

Por que Du’a, era muy joven y estaba sola.
Eran cuarenta, cincuenta hombres que la rodearon.
La golpearon, arrancaron su ropa, lanzaron rocas a su rostro.

Porque cuando dejó de respirar, ellos gritaron triunfantes.
Grabaron en video, con teléfono celular,
el hilillo de sangre que corría sobre el pavimento.

Porque Sali era una viajera, con su andar libre por la tierra,
pero ese hombre hirió su cuerpo y detuvo su paso en el tiempo.

Porque hace tres días Alí fue asesinada.
Usó un cuchillo contra ella, ése, que decía amarla.

Porque Iris tenía siete años cuando se la llevaron.
Porque su madre encontró el cuerpecito de su niña
en un bote para basura.

Esta es mi furia tonta; mi rabia negra, roja, que no basta.

Porque son, porque somos, demasiadas.
La cercanas, las que están lejos, las amigas, las cómplices,
las que hacen, las que rompen, las compañeras y las que no.

Porque es una muerte infame.
Tres minutos indignos en el noticiero de hoy.
Un par de días, la indiferencia, la injusticia absoluta.

Quién fuera el aullar resonante en todo espacio acústico.
Quién que llame en el viento, con voz potente,
a todas las que nos faltan: a Marisela, a Leticia, a Marcia, a Sara.
Hasta que nadie pueda negar la escucha.
Hasta que nadie pueda continuar viviendo, como si nada hubiera ocurrido.

Quién fuera el puño que se estrelle contra la roca, poderoso, incansable.
Quién que grabe, imborrable, a golpe de presente constante,
los nombres de Victoria, de Emilia, de Martha, de Jasmín, de Natalia.
Quién la fuerza para el combate contra el olvido.
Quién el castigo a todos los malditos.

Sin embargo, respiro esta furia,
Sin embargo, me alimento de esta rabia,
Porque este oficio de escribana a penas alcanza,
para este humilde dar testimonio de la pesadilla cotidiana.






viernes, 4 de noviembre de 2011

Ex- céntrica

© Patricia Karina Vergara Sánchez 
pakave@hotmail.com

Tam Tam.
-Golpe de baqueta sobre tambor-.

Compañeras:
Las invito, guardemos la cordura.
Tam, Tam.
Por favor, sí, guardémosla bien,
en un cofre y con dos candados.

Para hablar, imaginar, construir,
hacer, nacer, entre éstas,
feministaspeligrosasradicales,
en la raíz de este amar a las otras,
a ti, a mí y entre nosotras.

Propongo, hagamos acta de cenizas
usemos esta suave fuerte lengua
de poca validez objetiva y ecuanimidad,
que sólo de afecto y caricias entiende.

Pongamos esta cuerpa, que vibra
con la cercanía de las cómplices,
que hierve furiosa ante lo injusto,
que acompaña desde la ternura.
Sintamos como late así, así
esta matriz nuestra, acogedora.

¿Qué tiene de malo, qué tiene,
qué tiene, la cordura insuficiente?

Tam tam

Desde este lugar…
desde esta dicha…
sin grandes y lujosos edificios,
ni fotos y titulares en periódicos
ni diplomas en papel  moneda
desde el instituto, en la academia,
en la ONG, en el cargo -todo-
con perspectiva de género;
por cuotas o por la nueva ley
que no incomoda, corrompida,
antes de estar en papel.

A mí me queda esta locura,
Semi-locura, locura total, loca furiosa,
loca de atar, insalubre, ex– cén– tri- ca.

Demencia
que se niega a padecer diagnóstico.

La risa abierta, incontrolada, la sinrazón.
Promesas de bailar bajo la lluvia,
de la utopía…
de la peligrosísima utopía.

Es este mundo cierto que construyo
todos los días, a cada hora, lo respiro.

Es la complicidad con otras despojadas
de la  buena y burguesa razón moderna,
de la astucia comodona postmodernista.
Sobrevivientes, nosotras, herederas de Meztli.
Con esta intacta rabia insumisa.

A cada minuto, a cada segundo
de alegre, plena, existenciaaaa

Tam, tam
…extravagante…
…en completa extravagancia...



                                                                  *Foto de Rotmi Enciso

martes, 18 de octubre de 2011

RETUMBA

© Patricia Karina Vergara Sánchez

Un hombre asustado
dijo que mis versos sonaban a tambores de guerra.
-Habría que considerar que en ese entonces
todavía no había juntado tanta ira,
como la que hoy tengo lista.

Yo no creo en las guerras,
pero sí en detener el golpe, en la acción constante, directa,
en mirar a los ojos del agresor, en no permitir más heridas.

Dicen que, entonces, mis versos son provocaciones peligrosas,
confrontación abierta.
Como si el calificarlos lograra hacer que guardaran silencio.
Como si las palabras pudieran ser arrancadas de la ignominia,
cuando la nombran.

No hay silencio posible. No pueden hacerme muda.
Mis versos resuenan con la fiereza de esta insolente
mujer, lesbiana, otra
que se declara insumisa, desobediente.
Que se reconoce en desacato permanente ante la injusticia.

El hombre tiene un palo y golpea a la niña.
El hombre tiene un arma y asesina a Marisela.
En Coppel encierran a seis mujeres,
las queman vivas.

Los policías reprimen y persiguen a las que se manifiestan.

El comisario tiene dinero y da su versión en la prensa de la verdad,
y de lo que se le da la gana.

El machista hace discurso y dice que es culpa mía

La gente tiene dos pesos que gasta con angustia
y pone bajo el tapete, para luego, para nunca;
a las asesinadas, a las heridas de hoy.

Yo tengo poca cosa, pero me basta.
Tengo boca, tengo puños, tengo versos.
Tengo memoria de tantos agravios.
Tengo estos tambores de vida que claman por vida.
Que cantan mientras marcho buscando veredas.
Que proclaman a cada golpe de baqueta
un latido único, constante, urgente.
Ya no más. Es la hora:
Autodefensa



miércoles, 12 de octubre de 2011

CIERTOS OLIMPOS

Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Vestida con tu blanca toga
de tela maquilada para primer mundo.
Escribes en electrónico desde la razón,
las razones por las que yo no existo.

Sentada en un pequeño espacio libre
de tu mesa  abundante de alimentos
buscas la cita exacta y encuentras, afanosa,
las categorías, ciencia, teoría que explican
el cómo soy performatividad pura,
que ocupa mi saber, mi cama, la vida mía.
Por ello, no soy capaz de la trascendencia
hacia la humanidad.

En tanto, mi padrastro me prende fuego
en un rincón del Estado de México

Mi familia es silenciada por hablar de justicia
ante mi  féretro de terror

Me  comí a mis crías y voy andando,
siguiendo rumbo norte en el desierto.
Me muero aquí o de hambre injusta.

Escribes verdad: mujer es un término
sin sentido lógico ni pertenencia.
Esta carne ya fue desmembrada
y mis huesos quebrados, desperdigados.

Mi palabra no tenía valor profundo,
nada significa ahora para ti.
Cuando comenzaba a dibujarme,
en múltiples visiones concatenadas,
Me has borrado con un sólo gesto
de mecanografía.

Tú te vuelves más blanco, prestigioso.
Cada vez más sabio, megáfono de Foucault.

Sin embargo, me hacen falta más, mucho más
 de dos teorías pretendiendo explicarme
que el dolor es mera construcción cultural.
¿Es, acaso, una forma distinta de placer?

Para demostrar mi falta de sofisticación,
de comprensión y actitud postmoderna
es necesario se cuantifique con rigor exacto
los segundos que dura mi agonía.
Yo pongo este cuerpo. Tú haces ciencia.

Todo es cuestión de desandar la hipótesis.
Pronunciarse en la variable.
Despejar a empellones las puertas del recinto.
Traer espejos grandes ante tu rostro:

¿Qué miras?
¿Puedes reconocerte en este rictus?


sábado, 16 de abril de 2011

POR QUÉ

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


“Qué gente tan mal educada
esa que escribe consignas en las paredes
de las calles que no le pertenecen”,
señalan con desprecio
los dueños de la radio y del diario.

“Qué gente tan cobarde”,
ríe bebiendo cerveza el granadero
que hace un par de horas blandió su tolete.

“Aquí no hay muertos”, dice el opresor,
mientras en los hogares velan
a los que han sido asesinados hoy.

“Ni que fuera para tanto”,
le dice él a la que fue herida,
a la que fue traicionada.

“Aquí, nada hay que te pertenezca”,
cuenta sus trece monedas
el macho que vendió a su amante.

Pareciera que aquí nadie quedó
intentando reunir los añicos de la fe.

Se atreve, el poderoso,
a dictarme silencio.
Me ordena mantenerme callada,
guardar el secreto.

Que no remueva el río,
no sea que salga a flote
el excremento que tiene dentro.

¿Por qué hablar del horror?
¿Por qué remover los escombros?
¿Por qué escribir en las paredes,
en los quicios de las puertas,
en los andenes del tren,
hasta en el pavimento,
con tiza que no renuncia,
que no cansa?

No es que no pueda yo ser feliz,
sólo es que no soporto
que se consienta el cinismo:
“Aquí no ha ocurrido nada”.

Sólo es que no tolero
que nos llamen resentidas, rencorosas.
Que sobren tantos adjetivos
a quienes saben cómo violentar.

Mientras ellos se apropian
de lo que laboramos,
de lo que construimos,
de lo que soñamos.
Y sonríen brindando con vino blanco.

Que Pinochet muriera en una cama blanda,
que Luis Echeverría esté libre,
que el traidor se divierta vacacionando,
que los policías violadores de Atenco
se hayan llevado una palmada en la espalda,
y las heridas estén abiertas en Honduras,
en Acteal, en Latinoamérica, las mujeres asesinadas
-por decir nada más de unas cuantas cosas.

Porque soy tan libre como puedo,
pero no olvido el oprobio.

Porque amo y soy amada,
pero sé quién es el asesino.

Porque tengo hermanas que luchan
y voy a la lucha con ellas.

Porque tengo tanto que no pueden sentir
quienes desprecian la ternura,
como si entendieran de qué se trata.

Por eso, no declaro batallas infames.
No quiero negociar mi nombre.
Ni me alcanzan las medias tintas justificantes
de los que se dicen amantes,
pero son abusadores.

Sin embargo, sé que es tarea impostergable
arar la tierra, acariciar las semillas, sembrar
y creer que otra cosa está naciendo y que será visible
cuando crezca el árbol de justicia;
cuando estas palabras se estampen en sus rostros
como saliva caliente de esta rencorosa, resentida, pequeñita.
Para que les ardan los ojos rojos de ira, rojos de vergüenza.
Para que, por primera vez, sientan qué significa inclinar el rostro.

Para que de una vez entiendan
que para los traidores,
para los maltratadores,
para todos los malditos:

Hay denuncia, que no olvida.
Hay sed, que no perdona.
Hay memoria combativa.

                                    

                                                                        

ROTA


© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

¿Qué si he sido rota?

Como la primavera.
Como la inocencia.
Como la magia.

Algo adentro
fue convertido en trozos
deformes, doloridos,
de la que un día yo fui.

Colapso, cataclismo.
Caminé, hablé, me sostuve ante los otros.
Sólo fingía, mientras la herida sangraba.

¿Qué si he sido rota?

La cordura perdida.
La fe desmoronada.
El alma como extraviada.
Yo, desmembrada.

Me bebí el dolor,
me dormí en el llanto,
me desperté en la locura.

El mundo se me rebeló ajeno.
Irreconocible, irreconciliable.
Humillada, herida, sola.
De rodillas y la cara enterrada.

¿Rota?

Cuando pude estar sola,
me senté en el piso.
Aúlle de dolor.
Me arrastré rasguñando la tierra.
Me ahogué de lágrimas.
Vomité de amargura.

Y no entendí por qué pasó todo.
Y no entiendo todavía hoy.

Casi muero,
pero me sostiene la rabia.

Casi muero,
pero no estoy muerta.

Casi muero,
y estoy rota.
Sin embargo,
voy a encontrar la forma de levantar el rostro.

viernes, 15 de abril de 2011

AGUA QUE NO SE DERRAMA

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Desmoronas al mundo,
en tu hacer de cada día.
Parece que sabes que es tu tarea,
más importante que cualquier otra.

Como si al amanecer enumeraras los deberes:
Lavar la ropa.
Patear al patriarcado.
Alimentar a las gallinas.
Acompañar a una amiga.
Traer los víveres.
Silenciar a un misógino.
Coser la falda roja.

Vas por la calle, para el mercado,
detienes, retadora, la mano del acosador
antes de que toque a la niña.

Confrontas
a la que se ha pintado de rubio el cabello,
le preguntas que si no se mira morena en el espejo.

Asistes a misa y le dices al curita ese
que qué panzón está hoy
y qué flacos andan los niños.

Cuando te señalan los corrillos
que por qué eres madre sola
contestas que te tienes contigo.

Cuando te pregunto
que por qué te llamas feminista
qué entiendes tú de la palabra esa,
en esta provincia escondida.

Tú me dices que te imaginas,
que tal vez, que ha de ser,
como cuando hay sed en este pueblo.
Cuando las mujeres acarrean las cubetas de agua,
se ayudan, todas juntas,todos los días
... por el mismo camino.

DESDE LA INSIGNIFICANCIA

© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


¿Cómo te atreves?
Insolente.

Pretendes calificarme
sin saber cómo se vive
desde la orilla del acantilado.

Tú, ostentando propiedad
del mundo.
de su idea moral
y del buen proceder.

Te estorbo tanto,
que sería largo
tratar de enumerar,
en exacto,
aquello que juzgas.

Que me he negado
a ser tu musa
o la imagen étnica
que te justifica.
Que me he cansado
de la servidumbre.
Que estoy harta
de la incondicionalidad absurda.

Probablemente,
es porque tomé la opción
de abrir la mirada,
de escuchar mi voz,
de nombrar a mi hermana,
y hube de apropiarme
de mi hacer autonomía.

Entonces, me acusas:

Que soy vanidosa.

Que me falta sabiduría
- para entender tus reglas.

Que de mi boca salen mentiras
- porque no me puedo tragar tus verdades.

Porque tomé la palabra.
Porque inventé mi camino.
Me llamas infiel.
Otra vez soy la hereje.
Nuevamente, la pecadora.

Tú, desde la altura iluminada,
sentencias, como si pudieras,
sobre el alma mía,
y me llamas mujer de oscuridad.

Desde tus altares,
ante tus tribunas,
empuñando tu cetro.
Has ordenado desfigurar
la imagen de mi rostro.
Has intentado borrar mi nombre
de los testimonios.

Pero,
no logras el olvido
de mi existencia.

Déjame, déjame.
Elijo ser la paria.
La infecciosa.
La insuficiente.

Me quedo aquí,
vanidosa,
instintiva,
con mi inteligencia poca,
con mi verdad sombría.

Me quedo aquí,
Sentada en mi soberbia.
Ya que una cosa entiendo.
Una sola, es cierto:

Si ando tan errada;
Si tengo el camino tan perdido;
Por qué insistir en negar
lo que no cuenta.

Por qué tú, desde el poder,
te ocupas de contenerme,
de acosarme, de acorralarme.
Por qué, si soy apenas nada.

Por qué, entonces,
mis preguntas abren grietas.

Por qué si cuestiono yo,
tú y tus jerarquías remojan cimientos.

Por qué, si abro yo la boca,
tú tiemblas





miércoles, 13 de abril de 2011

ME DIJERON


© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

El otro día me dijeron
que frene la lengua,
que modere los actos,
que critique, que señale,
que me inconforme,
pero, en voz baja
y entre nosotras.

Que los compañeros de lucha,
cualquier lucha,
se pueden sentir afectados.

Que espere, que el movimiento social,
cualquier movimiento social,
tiene planes para las mujeres,
pero, que espere,
todavía no es el tiempo, ni la hora.

El otro día me dijeron
que sea más responsable
al decir antipatriarcado,
al denunciar al que acosa,
al señalar al que desprecia.

Que cuide a los compañeros,
que sea amorosa,
que les haga sentir bienvenidos,
que mis reclamos no vayan a ofenderlos.

Me lo dijo una, que se dice compañera,
y le he preguntado.
Pero, no ha ido a ver al indio,
para decirle que denuncie bajito
al caxlan que lo desprecia.

Y no ha ido a ver al obrero,
para decirle que espere,
que sea más amable
en sus reclamos con el patrón.

Y no ha ido a ver al campesino,
para decirle que defienda su tierra
con amabilidad y sonrisa.

Pero a mí, si ha venido a hablarme
para decirme que no vea,
que si veo no señale,
que no lo tome como ofensa.
Que comprenda.

Me dijeron.
Que finja, que no me de cuenta
de que éste mira mis senos,
de que éste me estorba la palabra,
de que éste me llama a la elegancia femenina
de que éstos no son de los míos.
De que dicen lesbiana, pero en voz baja.

Que por las buenas son mejor las cosas.
Que no demuestre el abuso.
Que no llame machista.
Que no use la palabra misoginia
para el que me niega.

Que acompañe al movimiento
y, por las buenas, ya irá tocando la nuestra.

Me dijeron,
y estoy pensando que no es justo.

Para murmurar el descontento,
para perpetuar los roles,
mejor me habría quedado en casa a lavar los platos.

Que nada más no puedo.
Ni he de callarme.
Ni cerrar lo ojos, ni fingir.
Ni moderar la lengua ni los actos.
Que no dejaré de criticar, ni de señalar, ni de inconformarme.

Ya hemos dado mucho.
Ya dieron bastante mis madres y abuelas.
Hemos sido tantas:
Las presas políticas,
las agredidas,
las trabajadoras,
las que sostienen la casa mientras la huelga,
las que siembran la tierra,
las sindicalistas,
las maestras,
las que nunca son nombradas,
las que toman los medios.
las que barren y reparten volantes
mientras el macho líder hace discurso.
Las que ya están hartas…
Todas, mis hermanas.

Que ya toca la nuestra y no para luego.
Que hay que decir: ya, a este tiempo y a esta hora.

Que para gritar contra la opresión, no hay corrección política.
Decir: hay una izquierda  machista y reaccionaria, no me atemoriza.

Me dijeron, me sugieren, me invitan a moderarme.
Pero, yo, nada más no puedo.

Yo entiendo ser mujer de otra forma.
Yo quiero de otro modo hacer las cosas.

No voy a disculparme,
No puedo condolerme.

Porque tengo esta voz.
Es voz libre y autónoma.
Es voz nueva, revolucionaria.

Tengo esta voz fuerte.
Voz lesbiana, nunca más silenciada.